La estrella Betelgeuse va a explotar de forma relativamente 'inminente'.
Y está 'cerca', en términos astronómicos, de la Tierra, a unos 642 años luz de nuestro planeta, en la constelación de Orión.
Cuando lo haga, su estallido generará la supernova más potente de la historia de la Humanidad.
Y los científicos ya avisan de que quizá no tarde en hacerlo.
Aunque para un astro de más de 8 millones de años de edad, la palabra 'inminente' tenga distinto significado que para un humano.

Desde mediados del año pasado, los astrónomos debaten sobre la posibilidad de que a esta supergigante roja —la última fase en la vida de una estrella; a la que llega cuando ha agotado ya el combustible de su núcleo— le llegase la hora de la muerte en los próximos años, lo que provocaría una expansión energética que sería visible desde el hemisferio norte de nuestro planeta.
La nuble de polvo y restos sólidos en la que se convertirá Betelgeuse llegará a provocar sombras sobre la Tierra.

Pero hay otro motivo de preocupación para los científicos.
El brillo habitual de esta estrella, que llegó a ser uno de los 10 astros más luminosos del firmamento, va, poco a poco, apagándose.
No obstante, los investigadores reconocen que su claridad es variable, aunque el descenso reciente (un 70% menos de luz) es más pronunciado de lo habitual.
Además, su diámetro ha encogido un 15%.

Sin embargo, no tenemos que preocuparnos por sus efectos sobre la vida humana.
De producirse este estallido, apenas afectaría a la vida en la Tierra.
A pesar de tratarse de una estrella relativamente cercana, de que su masa sea 20 veces superior a la del Sol, nuestra atmósfera nos protegerá si la supernova galáctica tiene lugar, a la que la supernova llegaría muy debilitada.

Y su distancia a la Tierra —un solo año luz es la línea recta que recorre la luz en 365 días, a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo— hará que, de producirse la explosión, sus efectos tarden mucho tiempo en notarse en nuestro planeta.